lunes, 8 de septiembre de 2008

Del amor en Lacan

Alain Badiou, filósofo contemporáneo que tiene en marcha una obra importante opina sobre los textos de Lacan. Dice: "En el orden del amor, del pensamiento del amor como portador efectivo de verdades, el acontecimiento lo constituye la obra de Jacques Lacan." Agrega más adelante: "Puede parecer extraño hacer de Lacan un teórico del amor, y no del sujeto, o del deseo. Lo que ocurre es que examino aquí su pensamiento desde el estricto punto de vista de las condiciones de la filosofía. Es probable (aunque el número y la complejidad de los textos que le consagra resulta de todas maneras sintomático) que el amor no sea un concepto central de la obra explícita de Lacan. Sin embargo, a través de las innovaciones de pensamiento que tratan del amor, su empresa constituye acontecimiento y condición para el renacimiento de la filosofía. Por lo demás, no conozco desde Platón una teoría del amor tan profunda como la suya, el Platón del Banquete con quien Lacan dialoga constantemente." Y para concluir este pantallazo de citas de Badiou que se hallaran en el texto Manifiesto por la filosofía: "El contenido del gesto de recomposición de la filosofía que propongo está ampliamente dictado por la singularidad de los acontecimientos que han afectado a los cuatro procedimientos genéricos (Cantor-Gödel-Cohen para el matema, Lacan para el concepto del amor, Pessoa-Mandelstam-Celan para el poema, la secuencia de los acontecimientos oscuros, entre 1965 y 1980, para la invención política). Una vez efectuada la identificación de los acontecimientos, se desprenden con claridad las grandes cuestiones conceptuales inducidas por el suspenso de estas ocurrencias de pensamiento, cuestiones que se trata de proyectar filosóficamente en un espacio único donde serán pensados los pensamientos de nuestro tiempo."
Esto es Lacan leído por un filósofo sin pretensiones de psicoanalista pero la interpretación es justa, hay en Lacan una teoría del amor.
Desde la metáfora que elije en La instancia de la letra en 1957 y declara justa para definirlo: "El amor es un guijarro que se ríe en el sol", hasta el título de su Seminario de 1976-77: l'Insu que sait de l'Une-bévue s'aile à mourre, que se lee y traduce de muchas formas pero una de ellas es: El fracaso del inconsciente es el amor, el tema del amor está siempre presente en la enseñanza de Lacan y todas sus articulaciones giran alrededor de este asunto. Cómo esto concierne a cada sujeto hablante ya es cuestión del análisis de cada uno. ¡Salve analizantes!
Gracias, Héctor.

jueves, 4 de septiembre de 2008

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR?

EL APORTE DE LUZ ME DEJÓ PENSANDO... PERO ES COMO QUE ME FALTA ARTICULAR TODAS ESAS IDEAS... ES COMO QUE NO LLEGO A CAPTAR ALGUNAS COSAS. AMOR Y DESEO APARECEN COMO CIRCULANDO POR ANDARIVELES DISTINTOS... EL AMOR SE DISTINGUIRÍA DEL DESEO PORQUE ANULA LA DIFERENCIA MIENTRAS QUE EL SEGUNDO PARTE DE LA DIFERENCIA. EN REALIDAD SE ME PLANTEA LA DUDA DE SI CUANDO ESTAMOS DICIENDO ESTO DEL AMOR NO LO ESTARÍAMOS DICIENDO DEL ENAMORAMIENTO....DE ESE MOMENTO EN EL ENCUENTRO DE DOS SUJETOS DONDE PRIMA LA FUSIÓN, DONDE SE BORRAN LAS DIFERENCIAS. BIEN SABEMOS, QUE PARA QUE UNA RELACIÓN ENTRE DOS PERSONAS PROSIGA ESTO DEBE DAR LUGAR A LA DIFERENCIACIÓN... AL RECONOCIMIENTO DE QUE EL OTRO NO ES LO QUE CREÍAMOS... ES DECIR DE QUE EL OTRO NO ME COMPLETA... Y AHÍ PODRÍA PENSARSE QUE EL DESEO ES EL QUE PERMITIRÍA PROSEGUIR DICHA RELACIÓN????
PUEDE QUE ESTAS IDEAS SEAN TOTALMENTE ERRONEAS, PERO ES COMO TRATO DE ARTICULARLAS...
POR OTRO LADO PIENSO... SI EL DESEO PODRÍA SURGIR CUANDO UNO SE DA CUENTA QUE EL OTRO NO LO COMPLETA... Y SE PRODUCE ENTONCES UN AGUJERO, UNA FALTA (Y DE AHÍ SURGIRÍA EL DESEO)... EL DESEO QUEDA DEL LADO DE TÁNATOS?PREGUNTO ESTO EN BASE A LO QUE LUZ DICE "¿Recuerdan a Tánatos y la importancia del agujero como posibilidad de seguir avanzando, como el desligamiento que impide el estancamiento?"... Y CUANDO DIGO ESTO LO ASOCIO A AQUELLO QUE VIMOS EN EL GRUPO DE ESTUDIO... DE QUE LA PULSIÓN DE MUERTE QUEDA DEL LADO DE LO SIMBÓLICO Y LA PULSIÓN DE VIDA (EROS) DEL LADO DE LO IMAGINARIO... EN EL SENTIDO DE QUE LA PULSIÓN DE MUERTE SERÍA LA MÁSCARA DEL ORDEN SIMBÓLICO, ORDEN QUE ES MUDO EN TANTO NO REALIZADO E INSISTE EN SER.
¿DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR? ESA PREGUNTA ES LO QUE QUEDA RESONANDO EN MÍ... PORQUE, INSISTO, PARA MI CUANDO SE DICE QUE EL AMOR MATA EL DESEO PORQUE ANULA LA DIFERENCIA, SE ESTÁ HABLANDO DEL ENAMORAMIENTO, YA QUE SI NO NO ES POSIBLE EL AMOR PORQUE NO HAY SIQUIERA RECONOCIMIENTO DEL OTRO....
NO ME CIERRAN MIS PALABRAS... ESPERO QUE USTEDES DIGAN ALGO QUE ACLARE MIS IDEAS!
CON RESPECTO A QUE EL AMOR ES METÁFORA Y EL DESEO ES METONIMIA, ENCONTRE UNA FRASE EN MI QUERIDO GLOSARIO DE TÉRMINOS LACANIANOS QUE QUIERO PENSAR CON USTEDES: "DADO QUE EL OBJETO DEL DESEO ESPECÍFICO ESTÁ PERDIDO, Y SÓLO HAY DE ÉL UN RESTO QUE CAE EN EL MOMENTO DE LA INSCRIPCIÓN DEL SUJETO EN LO SIMBÓLICO, AQUÉL BUSCARÁ POR EL RODEO DE LA METÁFORA, DETENER EN ALGÚN PUNTO LA METONIMIA INCESANTE, POR LA CUAL EL OBJETO ORIGINAL SE PRORROGA Y SE DESLIZA EN LA CADENA SIGNIFICANTE"... Y AHORA ESBOZO... CUANDO DICE "POR EL RODEO DE LA METÁFORA", PODRÍAMOS PENSAR QUE EL AMOR CABE COMO POSIBILIDAD DE RODEO?... SI TENEMOS EN CUENTA QUE POR MEDIO DE LA METÁFORA EL OBJETO ES SUSTITUIDO POR OTRO, Y POR MEDIO DE LA METONIMIA, EL OBJETO SE DESPLAZA A LO LARGO DE LA CADENA SIGNIFICANTE HASTA ALCANZAR UN PUNTO DE ANCLAJE... ¿PODEMOS DECIR ENTONCES QUE EL AMOR, EN TANTO METÁFORA, SE CONSTITUIRÁ EN EL RODEO POR EL CUAL SE BUSCA DETENER LA METONIMIA INCESANTE DEL DESEO, SUSTITUYENDO EL OBJETO RADICALMENTE PERDIDO POR OTRO OBJETO??????
CUANTAS DUDAS!!! MIS PALABRAS TAMBALEAN DEMASIADO... ESPERO QUE SUS APORTES HAGAN ALGO CON ELLAS...
SIGAMOS PENSANDO JUNTOS!

jueves, 28 de agosto de 2008

¿Por qué "el amor hace al mundo girar"?


Volvamos al amor, compañeros vuelteros, invoquemos, como ya lo hizo Ezequiel, a la señora Episteme. Y trate de no ofenderse, señora.

Las siguientes frases son tomadas del “diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano” de D. Evans.

Es imposible decir nada significativo o sensato sobre el amor (seminario 8).

En cuanto uno comienza a hablar sobre el amor desciende a la imbecilidad (S20).

“Lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar sobre el amor” (S20)
Esta relación entre el amor y la transferencia constituye una prueba del papel esencial del artificio en todo amor.

El amor es situado como un fenómeno puramente imaginario, aunque tiene efectos en el orden simbólico.

El amor es autoerótico y tiene una estructura fundamentalmente narcisista (S11), puesto que “es al propio yo al que uno ama en el amor, el propio yo hecho real en el nivel imaginario” (S1)

El amor es un fantasma ilusorio de fusión con el amado, fantasma que sustituye la ausencia de cualquier relación sexual.

“Como espejismo especular, el amor es esencialmente engaño” (S11). Supone dar lo que uno no tiene (es decir, el falo). El amor no se dirige hacia lo que su objeto tiene sino a lo que le falta, a la nada que está detrás de él.


El buen hombre que escribió este diccionario prosigue haciendo una comparación entre el amor y el deseo. Explica que el amor es metáfora, mientras el deseo es metonimia. Incluso que el amor mata al deseo porque anula la diferencia que da origen al mismo. ¿Recuerdan a Tánatos y la importancia del agujero como posibilidad de seguir avanzando, como el desligamiento que impide el estancamiento? ¿Quién es el mortífero y quién el amoroso? ¿O será “deseoso” la palabra? ¿O será todo junto? (En ese caso, lindo revuelto). No deja de fascinarme esta dialéctica entre Eros y Tánatos.

“Amar es, esencialmente, desear ser amado” (S11).
Esto es lo que distingue al amor de la pulsión… la reciprocidad. En la pulsión hay pura actividad.


Es bastante claro, no? Espero que les haya servido tanto como a mí. Y en cuanto a la impronta “negativa” que uno pueda verle al asunto, no es más que parte de la ruptura de una idea romántica sobre el amor. Releyendo pienso que tal vez el tema no era tan complicado, el sujeto hablante no podría amar de otra forma. Así como Lacan (Freud) desenmascara a un yo in-divisible con plena consciencia de sus actos y pensamientos, el amor ideal/completo/libre debe caer inevitablemente con la asunción del sujeto.

Lo que queda es la palabra. Palabra que nombre, que intente dar cuenta, que se interrogue y que falle ahí, donde menos lo creía. Nombrar al amor, al amado, a lo amado, al por qué amo. Poder vislumbrar la agresión, inevitablemente unida a todo amor.



Esta claro que el “amor no hace al mundo girar”. En todo caso, es el deseo. El amor es simplemente un lindo invento/espejo del yo.

martes, 26 de agosto de 2008

Una lectura.

En la "aurora" de "Toribio", de Toribio como sujeto, sus necesidades satisfechas produjeron un nudo, una sombra, el fantasma. Desde entonces se revuelve. Desde entonces tiene un camino equivocado por caminar.

¿Nunca más lo real? ¡Pero! ¡Si hay un mundo espejo, si siempre fue así, si todo lo evidencia! Discurso amo, auroridad, queja, síntoma...

Oh, río heraclitiano. Sí, nunca más lo real. La clínica del síntoma no es la clínica del fantasma. Nunca se alcanzará la propia aurora. Lacan propone la construcción del fantasma, su atravesamiento, del que deviene una "máxima", el sujeto y su verdad, su ética.

Bien por Toribio.

Pronto, fantasma y deseo del analista, para seguir hablando de lo que nos convocó.

lunes, 18 de agosto de 2008

Habia una vez...

“…ladran Sancho, señal que cabalgamos.”
Anónimo (1)


LOS CELOS DE AURORA
Toribio y Aurora se conjeturaron, fue un amor arreglado, medieval. La Estancia pampeana fue el campo de batalla y de negociación de la paz. Después surgió el amor, prescrito, acatado, pero honesto.
Hace ya seis años y tres vástagos que los urden.
En ese inhóspito entorno aprendieron a necesitarse, descubrirse, acompañarse, contarse.
Su descendencia los había colmado de dichas. Teodocio, el mayor, encontró en Europa su estrella. Con su ‘sabua fer’, fue el deleite en las fiestas de las mas encumbradas progenies del patriarcal mundo. Renata encontró su destino junto a un ganador nato, que le deparó egregios momentos de gozo e innumerables satisfacciones. Y Cleto, el último del linaje; soberbio, campechano, apetecible, les proporcionó la satisfacción mayor, al ser elegido como el “plato fuerte” en la boda de la hija del dueño de La Estancia.
La cotidianeidad de sus vidas solo era empañada por los celos de Aurora; celos infundados, absurdos, torpes. Toribio le era escrupulosamente fiel.
Máxima, de hermosa cara blanca y pelo azabache; era la encargada de suministrar la leche para las necesidades del establecimiento. Todas las mañanas pasaba por delante de la pareja, echando apenas una mirada cordial, consciente de la arbitraria suspicacia de Aurora.
Aurora intuía…, olía…, concebía…, -entre ellos algo pasaba- era una certeza dolorosa, feroz. Se pasaba el día rumiando, desmenuzando; ¿en qué momento se encontraban? ¿Es que no la quería más? ¿Qué tenía “esa” que ella no? Las sospechas trocaban en certezas, y las certezas en reproches, quejas, reclamos, puntualizaciones. Tenía la convicción pero no tenía las pruebas, y eso la irritaba aun más. No quería que se notara su exasperación, no quería sonar enojada, porque eso, ese mismísimo descuido, evidenciaría lo que no debía evidenciarse. Pero… ¡Claro…! ¡Tampoco iba a ser tachada de inocente…!
Toribio fue, lenta y dolorosamente, develando el laberinto en que Aurora lo iba encerrando.
Fue un proceso.
Primero la perplejidad. Él iba, venia, hacía, disfrutaba su vida. Pero cada paso que daba era interpretado desde la "auroridad" de Aurora.
Después trató de entender, de hablar, de explicarse,… ¡No hubo manera! ¡Él era culpable! ¿Quien creería en su absolución? Toribio era demasiado vidrioso como para no sospechar de segundas, terceras y hasta ¡cuartas intenciones…! Intenciones concientes, inconcientes, solapadas, traicioneras, perversas…Siempre embusteras.
Luego esperó…, esperó en silencio…, esperaba al menos el beneficio de la duda, del posible “mal entendido”, un pedido de aclaración, la posibilidad de un diálogo abierto que pudiera reestructurar la convivencia. Él estaba dispuesto a cambiar lo que hubiera que cambiar. Pero la sentencia estaba impartida… ¡Él era culpable! No había lugar para duda alguna.
Entonces, ¿Soportaría todas las afrentas de la infidelidad y ninguno de los beneficios? Fue en ese momento…., en ese preciso momento, cuando tomó la decisión.
¡Sí! ¡Sí, soportaría las dificultades! Las mismas estaban garantizadas.
Pero no se quedaría sin los beneficios.
Aurora estaba enojada, sin razones, sin motivos; pues ahora, tendría razones y motivos. Él se haría merecedor del flagelo inevitable.
Desde aquel día algo, casi imperceptible, ocurrió: "la realidad" de Aurora se hizo realidad y, por supuesto, ella no lo notó.
Ahora Máxima, la mejor holandoargentina de aquella zona, al pasar hacia el tambo, con su imponente ubre rezumando leche, saluda a Toribio con una traviesa sonrisa y a Aurora con displicente satisfacción.
Toribio, resopla con fuerza, alzando y precipitando la cornamentada cabeza, mientras azota la tierra con sus poderosas pezuñas.
Aurora sigue en su rincón del corral, rumiando…, rumiando…, rumiando…

fin


“El que pueda entender, que entienda…”
(Ap 2, 7)

viernes, 15 de agosto de 2008

Lo que decanta de lo que (se) me canta

Tirar de las palabras

desasirlas de las cosas;

unirlas, separarlas,

un irlas que sepa ararlas

con el arado que reúne

mis manos y mi historia;

tirando y nunca

parando de tirar

hasta desarmarlas desnudando

lo que son: armas,

armazón, armadura,

amargura de bailar

afín al baile que se baila;

al fin desafinar el compás

y loco, sin paz,

bailando entre letras

entre líneas

en tren, tanto,

por la línea de la letra,

caigo del otro lado.


Y sí, el amor no ama ni es amado; adonde voy no llego, adonde estoy resbalo, la sal no sala y el azúcar no endulza; cuando se acuestan la razón y el deseo, llueve sobre mojado.

Análisis al analista; psicoanálisis al psicoanálisis; hablando de desencuentros nos desencontramos; y es que las palabras no recubren a las cosas, y no es cosa de las palabras lo que dicen los hablantes al usarlas (¿al recubrirse?).

Nos hicimos los finos, yo el que más: llamar a la investigación, a la teoría, a la episteme. Los leí/escuché gustoso en todo, incluso en lo confuso y turbio. Brotó la voz de la voz, y ya todo se hizo real.

¿Cómo no iban a surgir nuestra demanda, nuestro deseo, nuestro amor y amar, nuestro saber, hablando de demanda, deseo, amor, amar y saber? ¿Como no decirlos, no decirnos, sin querer?

Lo más psicoanalítico de todo lo que llevamos caminado creo que es eso: la prueba evidente de que estamos hablando de una praxis, y como tal, al hacerla nos hace, al hablarla nos habla.

Quiero hacer uso de aquella máxima que inventé para habilitarme a equivocar. Desglosaré algunas ideas que pienso. Nada de lo que aquí verán escrito viene avalado por criterio de autoridad alguno. De hecho, la mayor parte debe ser una desafinada bárbara (por oposición a afinación civilizada). Pero bueno, valga este esfuerzo de pensar, pensar que no es mucho más que tomar las palabras e ideas como colores y pintar lo que creo que quiero pintar... y, probablemente, terminar cayendo en la cuenta de que me retraté.


Néstor tomó en serio mi ecuación en broma y halló algo interesante, más allá de haber pensado “de” como prefijo para llegar a su logrado factor común, cuando en la ecuación era preposición, no prefijo.

Fara corrigió ortodoxamente mi asimilar demanda y deseo en el paciente, aun sin tener en cuenta que tomé “demanda del paciente” como un todo, como una X, y así es como la igualé a otro todo, una Y: “deseo de analista”. ¿X=Y? De la cintura para arriba, sí; las diferencias siempre son entre las patas.

Es cierto que la queja con que llega una persona al consultorio tiene que desnudarse, transformarse para entrar en análisis, para que advenga el deseo. Pero en ese sentido, creo que de lo que se trata es de que el sujeto reconozca, tras su desear al analista, su condición de ser deseante (con su consecuente angustia, imposibilidad de satisfacción, etc.). Y es por eso que sigo pensando que “demanda del paciente” y “deseo de analista” son asimilables. Ambas, mentiras verdaderas, errores acertados. El problema no es si demanda o desea. La cuestión estriba en lo imaginario o real del objeto. La demanda, para mi, es el deseo mismo pero en tanto atado a un objeto tal. Cuando paso de ser deseante, sin más, a ser deseante de esto o este, mi deseo devino demanda: espero de eso o ese lo que sólo me podría dar aquello que no puedo nombrar, que nunca hallaré. Estoy diciendo, en definitiva, que “demanda” = “deseo de”.

Fara dice “llamemos a las cosas por su nombre”, y Fander le contesta: “el que te ama no te nombra”. ¡Claro! Lo nombrable no es nunca aquello a que apunta de manera radical mi deseo. Cuando éste apunta a una cosa con su nombre, es demanda: deseo alienado por el lenguaje. Volviendo a la ecuación: lo erróneo sería reducir la situación analítica a “deseo del analizando” – “deseo del analista”. Lo esperable es:

Queja --> Deseo de analista - Deseo del analista --> Deseo del analizando

Es decir, que se pase del “deseo de analista” al “deseo del analizando”, vía el “deseo del analista” como función lógica que introduce el analista en un dispositivo que escucha e interroga a quien se encuentra deseándolo para que descubra su naturaleza deseante, la falta estructural. El deseo sólo tiene sujeto. Cuando viene con objeto, es demanda. Por eso lo homologué, y sostengo que es válido: la persona demanda, es decir, desea al analista. Este no satisface la demanda, pero sí la escucha: detrás, está el deseo. No es que si llegara deseando al analista no habría por qué no satisfacerlo. ¡El analista no es “a”!

Así cobra sentido el factor común de Néstor:

de.(sea+manda)

La demanda va tras lo que está mandado, y ahí su relación con el goce. Busca una vida como se debe, un amor como dios manda. Para el paciente, ¿no está mandado (en el sentido de mandato) ir al analista? Esto o aquello no esta bien, mejor voy a un analista. Tras esa demanda, siempre, el deseo, como verdad a aparecer tras la equivocación. No venía por eso…

El deseo va tras lo que “sea”: tras el ser. ¿Qué o quién “es”, como para ser objeto de mi deseo? Nunca hallará satisfacción… recuerdo a Lacan definiendo amor como “dar lo que no se tiene a quien no es”.

Vamos al amor. Coincido con Néstor en el hecho de que si asumimos el discurso psicoanalítico, necesariamente demanda, deseo, goce, son lo que son dentro y fuera del diván. Y si la demanda es fruto de la ficción, lleva al corrosivo goce, y tapona al sujeto, a la angustia, a la verdad, bueno, se entiende que en la pareja cuando aparece la angustia se corra a rearmar la ficción, como se entiende que el analizando demande más al no ser satisfecha por su analista la demanda. Se entiende, pero no implica que eso sea lo que nos planteamos como la pareja sostenida desde la verdad de cada uno, desde el sujeto. La vida amorosa es tan parecida al análisis que por algo hablamos de amor de transferencia, por algo los padres pasan por análisis a través de uno como también desde uno influyen en la pareja, por algo… etc. Considero muy válido interrogar la vida desde Lacan, muy válido pensar al psicoanálisis como discurso, como antropología, como praxis con eco y ramas en la vida de cada uno.

Pero también pienso que no podemos decir cómo es el amor en pareja así, en el aire, en general. Es como hablar de psicoanálisis: se transmite una experiencia, no se enseña un saber instituido. A fin de cuentas, todo depende del gusto de cada uno, o, en el mejor de los casos, de una decisión. Seguramente, el trabajo analítico sobre uno tiene algo por abonar en este sentido.

Pensando ambos temas, amor y psicoanálisis, llego a la misma conclusión. Hablamos de teoría. Intentamos sistematizar, enunciar, ordenar. Pero no hay más legalidad acerca de esto que la que brota de pasar por la experiencia analítica… por la amorosa…, pensarlas, y tener en cuenta que hablamos (al par que somos hablados): no exponemos nada que provenga de ninguna verdad absoluta, científicamente comprobada, etc.

Se me ocurrió otro juego. ¿Por qué no pensar que del "Amor" de yo a yo se puede pasar al "AMO®" en tanto amor que va desnudándose con registro de la marca del Otro, puesto en lugar de amo, quizás, y que, en el mejor de los casos, llega a ser "A-more", en tanto que reconocedor de que radicalmente va tras "más", tras otra cosa, tras "a"?


Se los dejo como otra borma, como un regalo. Teniendo en cuenta la famosa ecuación freudiana con regalo… pues tiren de la cadena… ¡significante! Adoro los cículos… “tirar de las palabras…”

lunes, 4 de agosto de 2008

Revueltas grupales. Suposiciones y habladurías.

Así que las revueltas iban a ser sobre nosotros mismos, sobre nuestras palabras escuchadas (?) por los otros... tendría que haberlo previsto y puesto en lo que escribí por primera vez.
Tengo la sensación (¿será compartida?) de que no nos estamos entendiendo del todo y suponiendo de más. Lo cual puede hacer de esto algo más interesante, o aburrido si pasa ciertos límites. Por mí parte, hasta ahora venimos bien. Conociéndonos, explicándonos, interrogándonos.

Con Néstor después de horas de intercambiar palabritas y creyéndonos opuestos, nos dimos cuenta que decíamos lo mismo... algo parecido creo que pasaría si nos juntáramos a discutir en vivo y en directo (la posibilidad queda abierta).
De estas discusiones arriba mencionadas surgió un punto en el que no estábamos de acuerdo y tiene que ver con el amor.

Si hay algo sobre lo que no se, y esto es con toda seguridad, es sobre el amor. Pero parece que va siendo hora a que me acerque a algunas ideas que debo tener por ahí, en algún lado.
El punto sobre el cual discrepábamos tiene que ver con el tiempo. Para Néstor (obviamente corregime si digo cualquiera) este amor "capaz de elegir" puede darse, en la pareja (o en el trío, etc...) desde un primer momento. Por mi parte todavía no entiendo bien en que consiste este amor. Lo primero que se me viene a la mente es un encuentro entre dos intelectuales analizados, cuya demanda se asemeja.
En el mejor de los casos, el encuentro que es desencuentro entre dos personas, empieza pura demanda, sin diferenciación, la "gran fusión"... y, tal vez, cuando las condiciones lo permitan, trueque hacia algo más elaborado y diferenciado. Donde "elijo" sin pura necesidad. Pero no sin previo enfado narcisista por no ser aquello que se suponía.
Claro que nada de esto me convence y estuve seriamente tentada de borrar lo anterior. Son los términos los que no me cierran: demanda, necesidad, elección...
Me comprometo a seguir pensándolo.

Es interesante como hace un tiempo la "visión pesimista" estaba de tu lado, Néstor. ¿De qué dependerá el cambio? (siempre preguntando lo mismo...)


ALGUNAS PUNTUALIZACIONES

BUENOS DÍAS... EN ESTA OPORTUNIDAD VOY A SER BREVE. DOS COSAS ME GUSTARÍA PUNTUALIZAR. CUANDO SE REEMPLAZA EL PAR DEMANDA DEL ANALIZANTE - DESEO DEL ANALISTA, POR DESEO DE ANALISTA - DESEO DEL ANALISTA, CREO QUE SE ESTÁ INCURRIENDO EN UN ERROR CONCEPTUAL. DEMANDA Y DESEO NO SON SINÓNIMOS, NO SON HOMOLOGABLES. CUANDO HAY DEMANDA NO HAY DESEO DE ANALISTA... DEMANDA Y DESEO SON DOS COSAS TOTALMENTE DIFERENTES. SI NO EL ANÁLISIS MISMOS TOMARÍA OTRA DIRECCIÓN, YA QUE SI EL ANALIZANTE LLEGA CON UN "DESEO DE ANALISTA", PORQUE IR EN CONTRA DE SU DESEO, PORQUE OBTURARLO... EN CAMBIO SI LLEGA DEMANDANDO (EN LUGAR DE DESEÁNDO) LA POSTURA ES DISTINTA Y YA FUE EXPUESTA EN OTRAS PUBLICACIONES.
PARA SER MÁS PRECISA, CITARÉ NUEVAMENTE A MI QUERIDO GLOSARIO: "EL DESEO DEBE DIFERENCIARSE DE LA NECESIDAD Y LA DEMANDA, AUNQUE AMBAS INSTANCIAS NO SON SINO MOMENTOS EN LA DIALÉCTICA DEL DESEO EN TANTO TAL. LA NECESIDAD SE HALLA SUJETA IGUALMENTE A LA LEGALIDAD DEL SIGNIFICANTE, POR ELLO, EL DESEO DEL HOMBRE CONSISTE PUES, EN HACER PASAR LA NECESIDAD POR EL DESFILADERO DEL SIGNIFICANTE. TODA NECESIDAD, A SU VEZ, SE ARTICULA CON UNA DEMANDA, LA CUAL ES DIRIGIDAD AL Otro, POR INTERMEDIO DEL OTRO ESPECULAR QUE SOPORTA LA RELACIÓN DUAL. SIN EMBARGO AQUELLA VA MÁS ALLÁ AÚN DE LO QUE EL SUJETO DEMANDA EN EL AQUÍ Y AHORA, PUES UNA VEZ INGRESADA EN EL CIRCUITO SIMBÓLICO, LA NECESIDAD Y LA DEMANDA SE ALIENAN EN EL DESEO QUE LAS VEHICULIZA, Y ÉSTE A SU VEZ EN EL Otro, A QUIEN A SU VEZ EL DESEO LE ESTÁ FORMULADO BAJO LA FORMA DE PREGUNTA..."
PROSIGO: "SÓLO LA DEMANDA PUEDE SER SATISFECHA EN TANTO DEMANDA ARTICULADA AL SIGNIFICANTE; MIENTRAS QUE EL DESEO, DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA ESTRUCTURA, RESULTARÁ SIEMPRE INSATISFECHO. DE AHÍ QUE EL DESEO SE POSTULE COMO EL DESEO DEL Otro, PUES LA FALLA SE PRODUCE EN EL LUGAR DEL Otro, EN TANTO QUE ES EN ESTE LUGAR HACIA DONDE SE DIRIGE LA DEMANDA.
CREO PODER HABER ACLARADO (ME) ALGUNAS COSAS PERO CONFUNDIDO OTRAS, ASÍ QUE SEGUÍ INVESTIGANDO Y ENCONTRÉ POR AHÍ UNA DIFERENCIACIÓN QUE NOS PUEDE SER ÚTIL. ENCONTRÉ UN ARTÍCULO EN INTERNET TITULADO "¿DEMANDA DE ANÁLISIS?" (www.elpsitio.com.ar), DONDE DICE QUE LACAN POSTULA QUE PARA INICIAR UN ANÁLISIS ES NECESARIO UNA DEMANDA VERDADERA. ¿QUÉ ES UNA DEMANDA VERDADERA?Para pasar de un pedido inicial a una demanda verdadera es necesario que los síntomas con que se presenta el sujeto articulen un enigma, introduzcan en él una pregunta, que por más imprecisa que sea, como toda pregunta ya implica al menos un esbozo de respuesta de parte del sujeto. Va a haber que conmover el saber que el sujeto trae, con el que se presenta para que sea posible iniciar un proceso que eventualmente de lugar a un análisis.Si este esbozo de respuesta con el que el paciente se presenta es transferida sobre el analista, se da un paso que hace del analista cualquiera, dentro del universo de los analistas, un analista para ese sujeto: lugar donde está (su)puesto el saber. El analista queda así incluido en la demanda en tanto puede encarnar para ese sujeto la respuesta a su pregunta.El analista ha de trabajar sobre la producción de la demanda analítica; sobre la posibilidad o no de aceptar la demanda que se le dirige, evaluar si ese sujeto que sufre y le dirige su queja puede ir produciendo los movimientos que van a dar paso a la dimensión del inconsciente. Para esto ha de estar atento a la relación del sujeto con lo que enuncia, que muestra la relación del sujeto con el Otro.Para que pedir alivio de un sufrimiento sea una demanda de análisis será necesario aún que se introduzca un enigma para el sujeto con el cual crear una demanda dirigida al saber, lo cual solo es posible por medio de la transferencia. El sujeto supuesto al saber ubicado como pivote de la transferencia va a ser lo que nos permite situar aquello que hace del síntoma una demanda verdadera, conectada al deseo y no a la curiosidad.El trabajo sobre la demanda tenderá a que el sujeto se percate de la parte que le corresponde en las dificultades que le parecían externas, a subjetivar la queja.La demanda inicial de análisis es demanda de significación ¿qué quiere decir esto que me pasa? Y por el hecho de demandar se plantea en el horizonte el Otro que puede satisfacer. De este lugar debe cuidarse el analista ya que intentar satisfacer la demanda, no solo es imposible sino que obtura el surgimiento del deseo.La función del analista es poner a trabajar la demanda para dar lugar así al despliegue que hará aparecer al deseo en el hueco de los significantes. ¿Cómo? Ofertando al sujeto la escucha de la demanda, escucha de eso que en la relación entre semejantes se pierde.
CREO QUE ALGUNAS COSAS QUE HEMOS ESCRITO QUEDAN UN TANTO MODIFICADAS CON ESTO, NO? EN PRIMER LUGAR INSISTO EN QUE LA DEMANDA CON QUE LLEGA EL ANALIZANTE NO ES = A DESEO DE ANÁLISIS. LA DEMANDA INICIAL ES QUEJA, ES PEDIDO DE ALIVIO, DE AYUDA. LUEGO ESA DEMANDA SE PUEDE CONSTITUIR EN DEMANDA VERDADERA DEPENDIENDO DE COMO SE TRABAJE SOBRE EL "SABER", Y CREO QUE EN ESO SERÁ FUNDAMENTAL LA RESPUESTA QUE A ESA DEMANDA INICIAL DÉ EL ANALISTA. Y ESTO ES LO QUE DISTINGUE AL ANÁLISIS DE UNA PSICOTERAPIA (ENTRE OTRAS COSAS), EL ANALISTA NO ES DEPOSITARIO DE SABER SOBRE EL SÍNTOMA O MALESTAR DEL SUJETO (Y CUANDO SE LO INTENTAN DEPOSITAR NO SE HACE CARGO, NO SE POSICIONA DESDE UN SABER AMO)... AL ANALISTA SE LE TRANSFIERE UN SABER EN BASE A LA INCOGNITA QUE SE PUEDE PLANTEAR EL SUJETO SOBRE SI MISMO. Y ALLÍ SURGIRÍA LA DEMANDA VERDADERA DE ANÁLISIS, QUE ESTÁ, DE HECHO, ARTICULADA CON EL DESEO. Y EN ESA DIRECCIÓN DEBERÁ OPERAR EL ANÁLISIS.
DEBO CONFESAR QUE ME ALEGRO DE HABER ENCONTRADO ESTE ARTÍCULO PORQUE DE ALGUNA FORMA CONFIRMA LO QUE YO HABÍA ESCRITO EN LA PUBLICACIÓN ANTERIOR SOBRE DEMANDA Y SSS.

SEGUNDA PUNTUALIZACIÓN
NESTOR, RESPONDO A TUS OBJECIONES DE MIS ÚLTIMOS PÁRRAFOS DE LA PUBLICACIÓN ANTERIOR. CUANDO YO HABLABA DE QUE EL DESEO DEL ANALISTA IMPLICA QUE EL ANALIZANTE SE DES - CUBRA, HABLABA DEL DESEO DEL ANALISTA COMO DISPOSITIVO LÓGICO INTRODUCIDO POR LACAN, EN TANTO ÉSTE IMPLICA PONER AL DES - CUBIERTO (PONER EN ACTO) LA FALTA ESTRUCTURAL. NO ME REFERÍA AL DESEO DEL SUJETO QUE OPERA COMO ANALISTA, PORQUE DE ESO NO PODEMOS TEORIZAR PORQUE CORRESPONDE A OTRO TIPO DE SABER QUE CADA CUAL DEBERÁ HALLAR EN SU ANÁLISIS. POR SUPUESTO QUE SÉ QUE "ESTUDIE PSICOLOGÍA Y QUE ME GUSTA EL PSICOANÁLISIS POR DESEOS INCONSCIENTES QUE NO REFIEREN PRECISAMENTE A UN DESEO ALTRUISTA DE QUE LA GENTE DES - CUBRA SU VERDAD"...
LO ÚNICO QUE PUEDO DECIR ES QUE HAY UN TÉRMINO LACANIANO QUE ES DESEO DEL ANALISTA QUE REFIERE A LO ANTERIORMENTE DICHO... Y QUE ES EL DISPOSITIVO LÓGICO DESDE EL CUAL EL ANALISTA SOSTIENE SU PRAXIS. OTRA CUESTIÓN DIFERENTE ES EL DESEO INCONSCIENTE QUE MOTIVA MI ELECCIÓN "PROFESIONAL" DESDE EL CUAL ME SOSTENGO COMO SUJETO EN MI PRAXIS.
POR LO TANTO INSISTO EN LLAMAR LAS COSAS POR SU NOMBRE (JA). DESEO DEL ANALISTA REFIERE A ESO... LO DEMÁS SON "NUESTROS DESEOS"... TERRENO SINGULAR, PROPIO, INCONSCIENTE... A DEVELAR...
ESPERO QUE NO SUENE ENOJADO MI DISCURSO, PERO NO QUERÍA SER MAL ENTENDIDA NI CONSIDERADA TAN INOCENTE...
SALUDOS A TODOS!!!

sábado, 2 de agosto de 2008

Factor común: De (sea y manda) (1)

“Dios es empleado en un mostrador
da para recibir”
Sui Generis

Empiezo con ecuasiones y sigo con ellas.
Ezequiel dixit:
“Demanda del paciente” = “Deseo de analista”, de modo que la situación analítica queda del siguiente modo: “Deseo del analista” – “Deseo de analista”; como se ve, la diferencia es de una letra (la “ele” de “del”)… ¡casi nada!"

Parece que el fonema de, insiste. Interesante para ver qué función podría estar cumpliendo. Pero no quiero irme por esos andariveles. De todas maneras les dejo una referencia etimológica: "El prefijo latino “de” es muy interesante. En ciertas palabras expresa intensidad, en palabras como: demanda (mandar algo a través de la corte) y definir (poner fin) y en otras expresa "carencia de" como: deforme (que carece de forma) y degenerado (que carece de las cualidades de sus antepasados)." (2)

Volviendo a la ecuación ezequeliana no me parece que la diferencia de la “ele” no es casi nada. Pasar de “deseo del analista” a “deseo de analista” implica pasar del deseo de algo a deseo de alguien y entonces ya estamos en el terreno de la demanda. Y del analista nada puedo esperar por el simple hecho de que el analista no tiene nada para dar que satisfaga el deseo del sujeto (siempre y cuando pretendamos que esto sea lo que se manifieste). Lo más que puede ofrecer es el sostenimiento de una situación, una configuración del espacio, la creación de un espacio lógico, estructurado desde un campo teórico, que sostenido desde su deseo deja en evidencia la falta constitutiva que es común a todo sujeto.
Insisto en que satisfacer la demanda es traicionar al analizante, sí coincido con que debe ser articulada, pero esa articulación conlleva el riesgo de obturar el establecimiento de la transferencia. Dicha articulación debe estar en función de la no satisfacción, lo que conllevará a una inevitable sensación de frustración por parte del analizante, frustración que dejará como resultado la aparición de la angustia, angustia que el analizante tratará de evitar demandando más. Por eso me parece que toda articulación que el analista opere con la demanda, paradójicamente, debe ser una desarticulación. Esto es lo único que posibilita la aparición del “sujeto supuesto saber”, pues al no satisfacer la demanda aparece la posibilidad de que el analista sepa algo del analizante que él mismo no sabe permitiéndole a aquel redefinir el espacio reestructurándolo como espacio analítico.

Apología de la demanda
Me llamó la atención cómo la demanda (en el Blog) pasó a tener un lugar tan protagónico. Empezamos proponiendo el tema del deseo e inmediatamente apareció la demanda tornándose tema central. No puedo dejar de pensar que actuamos la predicción de Lacan y la demanda termina obturando la aparición del deseo. Permítanme tan arriesgada interpretación, no pretendo que sea “la” interpretación.

Como consecuencia de mi anterior publicación recibí algunos comentarios verbales y otros que están reflejados en el Blog. Trataré de poner Luz sobre algunas conceptualizaciones que di por supuestas y evidentemente no lo estaban.
No considero que la demanda sea el estigma de la humanidad y que deba ser rechazada como responsable de toda iniquidad. Por el contrario, la demanda atraviesa toda nuestra vida, está presente en toda nuestras relaciones, en el único lugar donde queda excluida es en el espacio analítico, donde se estructura como un espacio lógico, desde un marco teórico, por lo tanto es forzado artificialmente, debe ser construido, nunca se dará espontáneamente.
En aquel momento planteé la problemática de la demanda en dos situaciones: la analítica y la relación de pareja (tal como la entendemos los occidentales y cristianos: monogámica e igualitaria, para no profundizar demasiado el tema y asumiendo el riesgo de un reduccionismo distorcionante).
No voy a volver sobre la situación analítica sino sobre las otras áreas donde se juega el deseo y la demanda ampliándolo, ahora si, a toda relación intersubjetiva.
La teoría psicoanalítica tiene, al menos, dos implicaciones. Una puramente práxica, de un marco teórico que estructura un hacer con un fin puramente terapéutico. La otra se corresponde con una visión antropológica subyacente a la praxis. Si esta visión antropológica tiene como único objetivo sostener la praxis, no es más que un constructo con validez puramente utilitaria que, fuera del contexto analítico, no toca mi vida y la falta que tal praxis invoca, no es más que un artificio que posibilita la estructuración de un área de trabajo.
Contrariamente a esto pienso que los presupuestos filosóficos-antropológicos que sostiene el quehacer psicoanalítico se imbrican de tal manera con él que trascienden el marco exclusivamente terapéutico dando lugar al planteo de una ética, entendida ésta como una forma de actuar, como una exigencia estructural del sujeto. Desde este punto de vista la teoría atraviesa el “soy” dándole contenido y por tanto resignificándolo. No puede, por tanto, no tener implicancias en mi vida quedando al margen del discurso que soy.
Desde esta perspectiva tendrá consecuencias en mi vida, en mi soy, en mi actuar, en mi elegir, en la forma en que construyo y considero la pareja, el sexo, las relaciones interpersonales, el trabajo, los hobbies, etc.
Que esto no ocurra en la “realidad” cotidiana (mía o ajena) no me excusa, ¿o acaso la “realidad” es más que la suma de discursos? Como creo que no, al adherir yo a un otro discurso, ese discurso me cambia, y cambia lo que es el otro para mi y la forma en que me relaciono conmigo mismo y con los demás.
Las implicaciones son fuertemente éticas, la legalidad (desde su adquisición a través de la metáfora paterna) adquiere un estatus estructurante, y una responsabilidad en mi posicionamiento ante ella.
Retomando el ejemplo de la vida en pareja (aunque las consideraciones pueden ampliarse a toda relación con un otro) la dupla deseo-demanda me posiciona en un lugar desde el cual hago, resignificando toda la relación. Por tanto hay lugar para la demanda, la demanda puede articularse, y esa articulación, creo, es posible desde el amor. Lo que no puedo es considerar que ahí se agota y entonces se abre el espacio para el deseo y la falta. Insisto que no es una visión pesimista de la pareja, por el contrario creo que es justamente lo que permite una instancia de libertad, de no ataduras, de no para siempre, de una elección que se renueva a cada momento, que se sostiene en el “te elijo” y no en el “te necesito”. El concebir al otro como algo distinto del objeto de deseo me permite articularlo en el deseo pero no atarlo a él y por lo tanto no responsabilizarlo de mi dicha o desdicha ni creerlo responsable de tal cosa. Si el otro es lo que busco estoy condenado a él, si es lo que elijo estoy dispuesto para él e inscribiré al otro con las mismas posibilidades.
Dos temas han quedado planteados, ambos muy conflictivos y que requieren profundización: amor y libertad. Hay que ver qué se dice cuando se dice, por tanto deben ser explorados. Eso exigiría una extensión imprudente de esta publicación aun siendo conciente que su dilucidación resignificarán lo antedicho. Me comprometo a explorarlo.

El nombre del deseo
Fara, me pareció muy claro lo tuyo, y muy buenos los planteos del final. Trataré de exponer mi visión con respecto a tus últimos dos párrafos.
No creo que el deseo del analista pueda ir en la dirección del deseo del descubrimiento de nada. Más bien creo que el deseo del analista no tiene nombre, porque todo deseo conduce al objeto “a” (donde me estoy metiendo…) y allí es donde se abre la hiancia y queda expuesta la falta. El deseo no tiene nombre porque no tiene objeto. El deseo del analista estaría en el deseo de estar allí, soportando el lugar, un lugar que como expuse la otra ves no es un lugar cómodo, ni relajado, ni gratificante desde el punto de vista de recibir algo. El deseo del analista podría estar sostenido desde un goce sádico, perverso, narcisista, piadoso, de poder, etc. Seguramente algo en este orden hay con respecto a lo que nos sostiene en un lugar tan incomodo. Insisto en que ni una teoría, ni una filosofía, ni un autor pueden motivar lo suficiente para soportar ese lugar. No puede venir de un discurso tal sostenimiento, no puede venir del registro de lo imaginario, tiene que venir de lo simbólico y por lo tanto es inconciente y como tal estar ligado al posicionamiento en la escena primaria; esto es lo que debemos llevar a nuestro análisis para, una ves reconocidos los lugares de goce, poder articularlo, no el goce sino el deseo. Supongamos que reconozco en mi análisis una ligazón voyerista en mi deseo de ser analista, esto tiene que ver con mi posicionamiento edípico, no se si podré correrme de ese lugar pero si lo sé, si lo reconozco en mi, podré no actuarlo y resignificarlo para operarlo con otro fin. O sea el deseo del analista no es el deseo de la pureza naíf, esta muy lejos de serlo, es el deseo posibilitado por mi posicionamiento ante la falta. Por todo esto insisto que el deseo no tiene nombre, quizás haya que renunciar a teleologizarlo. Solamente puedo reconocer que hay algo que me hace desear ocupar ese lugar, el del analista, quiero hacerlo, tengo ganas. Lo que restaría por hacer es descubrir en el análisis con que esta ligado en el orden de lo simbólico para después ponerlo al servicio de la práctica analítica, esto es estructurarlo desde la teoría que sostiene la praxis. Pero son al menos tres momentos. Reconocer del deseo de ocupar el lugar del analista, llevarlo a análisis y sostener este análisis en la supervisión para no actuar instancias de goce y por último estructurarlo desde la teoría para que sea operativo. Todo esto me parece muy importante pero si no está lo primero creo que es inútil intentar ocupar el lugar detrás del diván.
Sin lugar a duda el tema de recibir un pago por ello es muy importante tanto para el analizante como para el analista y seguramente tiene una función importante en el sostenimiento del deseo del analista pero esto ya es harina de otro costal.

Notas
(1). Para los que no recuerdan el primer caso de factoreo: http://www.epler.umich.mx/salvadorgs/matematicas1/contenido/CapIII/3_9_1_fact_com.htm

(2). http://etimologias.dechile.net/?deducir


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jueves, 31 de julio de 2008

SOBRE EL DESEO DEL ANALISTA Y LA DEMANDA DEL ANALIZANTE

HOLA A TODOS!CUANTA PRODUCCIÓN! ESTO ES AL MENOS DESEO DE ASPIRANTES A ANALISTAS! (MUY DESEOSOS LUZ Y NESTOR)...
NECESITO ORDENAR (ME - QUIZÁS) TODO LO QUE FUE DICIÉNDOSE... EN EL ANÁLISIS NO HAY LUGAR PARA RESPONDER A LA DEMANDA CON QUE LLEGA (Y QUIZÁS PERMANECE) EL ANALIZANTE. SI EL ANALISTA RESPONDE A LA MISMA HABRÍA QUE VER QUE ESTÁ PASANDO CON SU DESEO EN TANTO ANALISTA, QUÉ ESTARÍA QUERIENDO CUBRIR? POR ESO ES TAN IMPORTANTE QUE EL ANALISTA TENGA SU ESPACIO ANALÍTICO PARA VÉRSELAS CON SU PROPIO DESEO. TAMBIÉN DISTINGUIMOS ENTRE DESEO DEL SUJETO Y DESEO DEL ANALISTA. ESTE ÚLTIMO ERA ALGO ASÍ COMO LA FALTA ESTRUCTURAL PUESTA EN ACTO EN EL DISPOSITIVO ANALÍTICO.
LA GRAN CUESTIÓN PARECE SER CÓMO SE LOGRA LA RENUNCIA A LA DEMANDA (DENTRO DEL ANÁLISIS) POR PARTE DEL ANALIZANTE. PORQUE, EN TÉRMINOS GENERALES, COINCIDO CON LO QUE ESCRIBIÓ ANDRE, EN CUANTO A QUE A LA DEMANDA NO SE RENUNCIA NUNCA... PORQUE EN TANTO SERES HABLANTES, AL ESTAR INMERSOS EN UN UNIVERSO SIGNIFANTE, EN EL DISCURSO, ESTAMOS CONCERNIDOS A DEMANDAR, A ENCONTRAR LAS PALABRAS QUE SERÁN AUDIBLES PARA EL OTRO. ASÍ SE CONSTITUYE EL "OTRO" (CON MAYÚSCULAS), PORQUE LA DEMANDA QUE SE LE DIRIGE CONSTITUYE SU PODER. TAMBIÉN PUEDE PENSARSE QUE LA DEMANDA ES LA PROYECCIÓN DEL DESEO DEL OTRO (CON MAYÚSCULAS), PORQUE ES ÉSTE QUIEN LA INTERPRETA, QUIEN ACUDE A RESPONDERLA EN LOS MOMENTOS DE CONSTITUCIÓN DEL PSIQUISMO. SIN QUE ESTO OCURRA, EL SUJETO NO ADVENDRÍA TAL.
ENTONCES ¿QUÉ SUCEDE EN EL ANÁLISIS? DE ALGUNA FORMA CREO QUE LA DEMANDA SE VA A SOSTENER HASTA TANTO SE CONSTITUYA EL SUJETO SUPUESTO SABER. ES DECIR HASTA TANTO EL ANALIZANTE LE SUPONGA UN SABER SOBRE SÍ MISMO AL ANALISTA. LA RESPUESTA DEL ANALISTA EN ESE MOMENTO SERÁ CRUCIAL. LA CAÍDA DEL SUJETO SUPUESTO SABER, YA INSCRITA EN EL DESEO DEL ANALISTA, LE PERMITE AL ANALIZANTE CAMBIAR SU RELACIÓN CON EL SABER, A PARTIR DE LA ASUNCIÓN DE AQUELLA PRECARIEDAD ONTOLÓGICA QUE CARACTERIZA AL DESEO DEL ANALISTA LOCALIZADO EN EL LUGAR DEL OTRO (CON MAYÚSCULAS). POR SUPUESTO QUE ESTAS PALABRAS ÚLTIMAS FUERON ROBADAS DEL GLOSARIO... Y CONTINUANDO... LA CAÍDA DEL SSS, PROPICIADA POR EL DESEO DEL ANALISTA, IMPLICA LA ASUNCIÓN DE UN SABER "AGUJEREADO Y ATRAVESADO" POR LA FALTA ESTRUCTURAL.
ES DECIR EL DESEO DEL ANALISTA (ESPERO NO ESTAR DICIENDO UNA PAVADA MUY GRANDE), IMPLICA QUE EL SUJETO LLEGUE A DES - CUBRIRSE... EL DESEO DEL ANALISTA, PERMITE LA RENUNCIA A LA DEMANDA, EN TANTO EL ANALISTA MISMO COLOCADO EN EL LUGAR DE "OTRO" (CON MAYÚSCULAS), SE CORRE DE ESE LUGAR, NO SATISFACE LA DEMANDA, Y ASÍ NO CUBRE LA FALTA. ENTONCES EL ANALIZANTE PUEDE ENCONTRARSE CON SU SABER SOBRE SÍ MISMO AGUJEREADO, ATRAVESADO POR LA BENDITA FALTA QUE NOS CONTITUYE.
QUE NUESTRA LABOR COMO ANALISTAS SE SOSTENGA DESDE UN DESEO QUE PERMITA TODAS ESTAS CUESTIONES, INSISTO, DEPENDE EN GRAN MEDIDA DE NUESTRO PROPIOS DESEOS. IMPLICA RENUNCIAR A LA OMNIPOTENCIA DESDE YA: ¡NO TENEMOS LA VERDAD DEL SUJETO (DE NINGÚN SUJETO)! ES NECESARIO QUE EL ANALIZANTE TRABAJE EN POST DE SU VERDAD, Y QUE NOSOTROS ESTEMOS ALLÍ,HABILITANDO UN ESPACIO DONDE PUEDA TRABAJAR PARA ELLO.

ACLARO DESDE YA, QUE ESTAS PALABRAS NO SE CREEN CIERTAS NI ACERTADAS, SÓLO SURGIERON Y ESPERAN SER LEIDAS POR MIS COMPAÑEROS DE RUTA... ESPERO SUS RESPUESTAS!

martes, 29 de julio de 2008

Queridos amigos...me digné a aparecer!
Espero no me DEMANDEN demasiado puesto que estoy un poco alejada de los carriles de LA CAN.
Al leer las últimas palabras, o mejor dicho interrogantes de LuzCan, y sobre todo el que dice: "¿es posible renunciar a la demanda?", me surgieron ganas de escribir para acotar mi humilde opinión sobre el asunto:
Creo que no podemos dejar de demandar. Es la demanda la que nos mueve y nos pasea de objeto en objeto, o de Otro en Otro. Incluso en el amor de pareja, mi querido Néstor, creo que la demanda siempre esta presente. Puede que sea excesiva, patológica, o una demanda "sana", si es que puede llamársela de ese modo; pero siempre presente. No creo que sea posible "amar sin más", la demanda, en mi opinión esta operando en todo momento, si bien no me atrevería a decir qué es lo que se demanda (amor? lo que falta? lo que deseo?).
En fin, este mi humilde aporte y estoy abierta a que me aporten conocimientos ustedes los "lacanianos instruidos" (Ja!).
Saludos...

domingo, 27 de julio de 2008

Aclarando (como mi nombre lo demanda)

A ver… permitime entrar en tus palabras, Néstor: “Este es el problema con el amor y la demanda, demanda que es demanda de otro, demanda que es demanda de amor de otro (las “o” con mayúsculas o minúsculas podrían ser intercambiables).
Insisto en la idea de que la demanda es siempre demanda de amor, y esa demanda esta destinada, claro, a un Otro (siempre con mayúsculas). Lo que está demanda implica es que se cubra la falta, que se tape la falla estructural. Por eso el analizante entra demandando (si no es que se va demandando), y eso que demanda es lo que el analista no va a cubrir.

Habría que ver que significa que en el espacio analítico no hay que darle lugar a la demanda. Me parece que no hay que satisfacerla, no hay que darle respuesta… pero tampoco una no-respuesta. Ambas posiciones serían perjudiciales. Creo que hay que operarla, y la manera de hacerlo es lo que Georgi nos trajo: el dispositivo analítico que pone en acto la falta estructural.
De ahí mi pregunta final, ¿cómo termina este juego de amor? Queriendo decir: ¿cómo es el proceso? ¿cómo es que el analizante encuentra una aceptación a esa falta que se le muestra y renuncia a su demanda? ¿es posible renunciar a la demanda? Capaz que ya me voy a otro tema… ¡no puedo evitarlo!

jueves, 24 de julio de 2008

Del deseo, el amor, la libertad y la demanda.

“Y el corazón me suplicó
que te buscara y que le diera tu querer...
Me lo pedía el corazón
y entonces te busqué
creyéndote mi salvación...”
Como dos extraños
José María Contursi


Luz, ¡que problema!, demanda de amor. Tengo que disentir, se sostiene la disputa... Pero este espacio es para eso ¿no?
Para ilustrar esto, busque en la poesía del tango, por lo que tiene de arrabalero, de bajo fondo, de descarnado, de terreno, de elemental. Amor de tango que resiste el romanticismo para enredarse en el fango, hoy diríamos en los “Under”. (Por eso me gusta el tango, porque se arrastra…)
Tomé algunos versos de “Como dos extraños”, los que están arriba. Un corazón que desea qua alguien lo quiera creyéndolo su salvación.
Este es el problema con el amor y la demanda, demanda que es demanda de otro, demanda que es demanda de amor de otro (las “o” con mayúsculas o minúsculas podrían ser intercambiables). Es la demanda que me ata porque si el otro no se da estoy condenado, el objeto nunca me pertenecerá pero además es demanda que ata al otro porque lo hago responsable de mi salvación. Amor signado por lo materno, amor dependiente y condenante.
La demanda es siempre demanda al otro (sugiero ver en el diccionario del CD el concepto de demanda). Pero ¿Qué otro puede satisfacer el deseo? ¿A que otro puedo imponerle semejante destino? ¿Cómo puedo atar mi deseo a otro atándolo? Me condeno y lo condeno. Porque el otro no puede o no quiere siempre estar. Porque para el otro yo tampoco puedo garantizar perpetuidad. Ni para mi puedo.
El deseo es deseo de otra cosa, no puede ser de otro y esa otra cosa es el objeto…., si, ese objeto que no me atrevo a nombrar. Viéndolo así el deseo me libera de la dependencia del otro y lo libera a él.
Somos sujetos deseantes que nos encontramos, nos enredamos, nos pegoteamos, nos separamos, nos abusamos, nos pisoteamos, nos encantamos, nos amamos. Pero no nos buscamos. Nuestra búsqueda es otra es la búsqueda signada por la castración, la falta, la muerte. Nadie puede completar esa falta, esperar de alguien semejante destino es aniquilarlo y desertar de la búsqueda.
Por eso creo que en el espacio analítico no puede haber lugar para la demanda y menos para la demanda de amor. Seria traicionar al buscador que cree necesitarnos cuando en realidad necesita “des-cubrirse”, reconocer la falta y su responsabilidad ante ella, sus elecciones ante ella, sus ajustes y desajustes ante ella, pero sobre todo la angustia de la insatisfacción crónica que nunca podrá ser colmada pero que me mantiene vivo, estar deseante es estar vivo, reconocer el deseo y la falta es ponerse en marcha. En la demanda solo queda esperar, ¿Esperar de quién? ¿Del analista? Pues del analista no provendrá nada, el analista no se entrega ni entrega objetos para el goce del analizando. Esto sería traicionarlo, engañarlo. El analista solo puede estar ahí, palpitante, tenso (no tensionado), sosteniendo ese incómodo lugar de la no respuesta, porque la no respuesta posibilita la respuesta del único que la tiene, el sujeto que está allí, trabajando, tensionado (no tenso), soportando la angustia de la sinrazón que impone la asociación libre, desestructurándose, perplejo en el instante del señalamiento, sin respuestas a su propio discurso.
No hay lugar para el amor en el diván.
Ahora, saliéndonos del espacio analítico, podríamos preguntarnos si hay lugar para el amor en el amor. Si hay lugar para la demanda en el amor. Lo que sigue ya corre por mi propia cuenta. Creo que en el amor y me refiero concretamente al amor de pareja no hay lugar para la demanda pero si para el amor. Amor despojado de demanda. Nos encontramos pero no para demandarnos, nos encontramos para amarnos. El otro nunca - y es un verdadero nunca - podrá satisfacer nuestro deseo ni nosotros somos lo suficientemente omnipotentes para satisfacer su deseo. El amor así planteado es un lugar de desencuentros compartidos: no te encuentro, no me encuentras, porque no te busco y no me buscas, pero nos compartimos y eso no es poco y eso no es para siempre; es por un tiempo, aunque ese tiempo sea toda la vida.
No necesitamos sostener nuestras angustias pero si necesitamos compartirlas, descansarlas, significarlas.
Por eso cierro con otro tango un tango ya de otra época donde el amor es locura no razón, y quizás la locura es el único lugar para el amor.


Balada para un loco
1969
Música: Astor Piazzolla
Letra: Horacio Ferrer

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en mi... Cuando, de repente, de atrás de ese árbol, se aparece él. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Ja, ja! Parece que sólo yo lo veo. Porque él pasa entre la gente, y los maniquíes le guiñan; los semáforos le dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina le tiran azahares. Y así, medio bailando y medio volando, se saca el melón, me saluda, me regala una banderita, y me dice...

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver!

Y, así diciendo, El loco me convida
A andar en su ilusión super-sport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!

De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!",
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.

Nos sale a saludar la gente linda...
Y El loco, loco mío, ¡qué sé yo!,
provoca campanarios con su risa,
y al fin, me mira, y canta a media voz:

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepáte a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
¡Loco él y loca yo!
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loco él y loca yo!



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miércoles, 23 de julio de 2008

Deseo deseado

Oh mar! oh mito! oh largo lecho!
Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas;
Ambos con una sed intensa de estrellas;
Ambos con esperanzas y desengaños;
Ambos, aire, luz, fuerza, obscuridades;
Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra gran miseria!
J. L. Borges
La palabra deseo viene del latín vulgar desidium “ociosidad, deseo, libido”. Desidium proviene del latín clásico desidia “ociosidad, pereza”, cuya raíz es el verbo desidere “permanecer sentado, detenerse”, que se compone del prefijo de- y el verbo sedere “estar sentado”. En el caso del significado de desidium se añadió la influencia analógica del verbo desiderare “echar de menos, echar en falta, anhelar” con lo que los usos semánticos de deseo/desear se ampliaron notablemente, y hasta de desiderare viene directamente el fr. désirer “desear” o el inglés desire “deseo”. Es de notar en lo que respecta al latín desiderare “echar de menos” que este verbo se compone de sidus, sideris “astro” con el prefijo de- y proviene de la lengua religiosa augural tal como el verbo con-siderare: “mirar los astros, contemplar”. Desiderare, por tanto, podría significar originalmente “dejar de contemplar, dejar de ver” pero es sólo una hipótesis.
Deseo, palabra compleja desde su origen. Significante, ya desde lo etimológico, cargado de significados: ociosidad, libido, pereza, permanecer sentado, detenerse, echar de menos, echar en falta, anhelar, mirar los astros. Valga esta ensalada de palabras (casi una asociación libre) para motivar este intento de reflexión.
Podríamos marcar dos polos de tensión: por un lado hay un detenerse (por tanto desde algún lado se viene) y por otro un anhelo. Desde algún lado y hacia algún lugar se va. No sabemos ni de donde ni hacia donde. Lo que si sabemos es que hay un trascurrir, un movimiento. Del problema del origen de ese movimiento no se dice nada, del destino tampoco. Sólo sabemos que hay un detenerse para mirar algo. Se produce una quietud tensa, no muerta, que no mira para atrás ni hacia delante, mira los astros que están arriba, que están entre las cosas que no se pueden alcanzar, aquello que se quiere, que tracciona, que atrae, pero que no puedo alcanzar.
Pero ¿Qué se quiere? ¿Qué se busca? ¿Qué es lo que se echa en falta? Lo que se buscan son los astros, las estrellas. ¿Y que hay ahí que pueda interesar, que pueda detener la marcha? Para nosotros “hombres modernos” los herederos de Copérnico y Galileo, quizás no haya más interés que la belleza y la aventura. Pero para el “hombre antiguo” ahí estaba el destino, el designio divino, la voz de los dioses (como vimos en la etimología sideris proviene de la lengua religiosa augural – de allí augurio).
Por tanto el deseo está dado por un momento en un continuo donde se produce el reconocimiento de una falta de algo que se quiere y no se tiene: se desea.
¿Pero que se desea? Bien, todo puede desearse y justamente desde el psicoanálisis el repertorio de lo que se puede desear se abre casi ilimitadamente.
Se desea lo que falta, lo que no se tiene. Por lo tanto el deseo se agota al instante de tener y por tanto cabria pensar la posibilidad de que si se tiene todo no hay lugar para el deseo. Me perdonaran las verdades de Perogrullo pero el intento de reflexionar sobre lo obvio suele desestabilizar lo que se cree sabido y eso, al menos para mi, ya esta bueno.
Por todo esto me parece que deseo remite permanentemente a la pregunta por lo que se desea y he aquí donde aparece el mayor problema. ¿Qué se desea? ¿Qué hay detrás de todo deseo? ¿Hay un deseo por debajo de la exuberancia de deseos que nos acometen en cada momento? ¿Qué se busca? ¿Satisfacer los deseos? ¿Con que fin? ¿El placer?
No quiero arriesgarme a teorizar sobre el deseo en Lacan porque para eso me falta mucho solamente que llegado a este punto se plantea por si sola la motivación inconciente del deseo donde la multiplicidad de deseos concientes queda subsumida por una otra motivación. Habría que rumbear por el lado de la castración, la falta en ser, el hueco, ser el falo de mamá, etc. Entre psicosis y neurosis. Entramos en la problemática del deseo del Otro. Y ya fuera del ámbito puramente psicoanalítico aunque indisolublemente entrelazada con él las problemáticas filosóficas del ser y su devenir. Meterme por esos andariveles (que me tientan) alargaría imprudentemente estas líneas.
Solo quisiera agregar que, desde el punto de vista filosófico, la problemática del deseo, como aquí se viene planteando, se abre a la teleológica. ¿Qué busca el “hombre” que busca? Fin o fines. ¿Existe un fin, un destino? Si existe ¿se puede conocer?
Todo esto se agita en derredor de cada deseo, potenciándolo, motivándolo, inhibiéndolo, conjurándolo, contaminándolo, posibilitándolo.
Se que abrí muchos temas y no cerré ninguno. Pero bueno ahí están.
Para dale un poco de forma a esto (si eso fuera posible) quiero retomar la etimología de la palabra deseo a lo que tiene de echar en falta, de anhelo, de libido, de augural, como también de ociosidad, pereza. El deseo nos tensiona hacia un fin, pero no nos impulsa, es un instante que puede quedarse en la ociosidad o la pereza, en la contemplación de los dioses para que nos revele el camino y nos diga hacia donde ir. Un Otro que desde su deseo nos dice que desear. Pero la respuesta se pierde entre el destino del ser y el del sujeto. Entre lo real, lo simbólico y lo imaginario. Entre la falta constitutiva y la cosntitisión de la falta. La respuesta y la no respuesta están perdidas por allí y están perdidas para siempre. La angustia encuentra su plena reivindicación. Deseo y angustia quedan como las dos caras de una misma moneda.
No sabemos de donde venimos no sabemos hacia donde vamos, la “verdad metafísica” (trascendente) esta perdida por tanto la verdad del ser esta perdida. No hay acceso al ser por tanto no hay acceso a la contemplación de la verdad que implica el termino definitivo de la búsqueda. Lo que nos queda es la “verdad” inmanente, la verdad del sujeto que se debate en la tramas de significantes que entreteje el lenguaje. Fuera del lenguaje nada. El lenguaje encuentra apoyatura en el devenir del ser otorgándole incluso el mismo devenir, temporizándolo. El Otro portador del legado cumple su función: lo da ya preñado de deseos dando a luz al ser hablante.
Al estar perdida la verdad del ser la búsqueda queda sin objeto. Se busca pero no se sabe que se busca. Pero el impuso a la busqueda esta y se agita para ser satisfecho. La búsqueda solo puede satisfacerla ese objeto (al que no me atrevo a nombrar) que esta perdido porque no hay camino hacia él, por eso todo objeto con el cual podamos enfrentarnos nunca logrará darnos la satisfacción perfecta, la felicidad esta perdida, la angustia afirmada. Quizás el planteo parezca pesimista pero no lo es, las consecuencias son por lo contrario abierta a incalculables posibilidades. Pero eso es ya otro tema.
Bueno, bien, el deseo ya esta planteado allí deseando, abierto, hambriento.

Pero aquí no nos plantamos cualquier deseo sino el deseo del analista. No se si puede pensarse el deseo del analista fuera del espacio analítico, con el otro. Aquí se plantea una serie de deseos tanto del analista como del analizando. Este último planteará un deseo que se manifestará como demanda pero hay otro deseo que se agita en su inconciente y del cual no tiene noticia y que estará enmascarado detrás de la demanda. El analista también tiene deseos que se pondrán en juego en la relación analítica y también tiene un deseo inconciente el cual ya debe tener analizado. Todo esto configura la encrucijada de la relación analítica y deberá ser tenido en cuenta, todos estos deseos trataran de hacerse oír y habrá que filtrar los ruidos para que aparezca uno, el deseo del sujeto que quiere advenir. Nuestro deseo deberá estar ahí sosteniendo ese momento, posibilitándolo. Es el deseo que posibilita la estructuración del espacio analítico, estructuración que deberá soportar resistencias, desestimar ruidos, soportar el silencio (propio y ajeno), no dejarse sobornar, resistir el encantamiento del elogio y la seducción, resistir los ataques y desprecios, no trabar lazos ni complicidades, no “ayudar” en el sentido piadoso de la palabra, no esperar agradecimientos, nunca negociar con el goce. Un espacio así solo puede ser construido con mucha responsabilidad que implique análisis propio, supervisión, estudio, permanentes ajustes, esfuerzo.
Así contemplado el espacio analítico si no esta basado en el deseo no podrá nunca sostenerse. ¿Qué podría sino sostenerlo? ¿El solo gusto por una línea teórica? ¿La adhesión a un autor que proclama cosas que me seducen?
Difícilmente, algo debe ponerse en juego que sostenga ese lugar y no puede ser otro que el deseo, el deseo del analísta.

domingo, 20 de julio de 2008

Ordenando y desordenando

Y se puso en movimiento… y apareció la falta.
Me alegra mucho leerlos, encontrarlos compartiendo una búsqueda en común.


Separamos deseo del analista y deseo del sujeto. Una primera delimitación. El primero: “FALTA ESTRUCTURAL PUESTA EN ACTO EN EL SENO MISMO DEL DISPOSITIVO ANALÍTICO”
El segundo: “FALTA CONSTITUTIVA QUE RIGE PARA TODO SUJETO HUMANO”

Cuando abri el debate me pregunté muy inocentemente si deseo del analista y demanda del analizado tenían algo que ver. ¡Tienen todo que ver! La falta que introduce el analista va en respuesta a no satisfacer esa demanda… y acá mi discurso tal vez se desordena, se revuelve, se divierte…
Dije “demanda”. Recuerdo una vos repetir “toda demanda es demanda de amor”. Lo que no logro captar del todo es lo siguiente, ¿el analizado se ofrece como objeto al Otro (analista) en una búsqueda de llenar su propia falta? ¿es acá dónde juega un papel tan importante la introducción de la falta como parte de un dispositivo?
Y aún hay un poco más: leí también que el deseo del analista es definido por Lacan como el deseo de la máxima diferencia. Entonces si toda demanda es demanda de amor, y el analista debe incluir la falta para que “devenga el sujeto”, ¿el amor implica siempre la no diferencia? Mmm, el viejo eros volviendo con viejos interrogantes.

¿Cómo termina este juego de amor al que se convoca pero que a su vez, se limita?

En fin, esto por ahora. Sin un ápice de certeza...
Saludos a todos!!!



"Así es -afirmó la Duquesa-, y la moraleja de esto es... Oh, el amor, el amor. El amor hace girar el mundo." Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll).

viernes, 18 de julio de 2008

Ni noción de esa noción. Versos y versiones. "La verdad surge de la equivocación".

¡Queridos! ¡Qué alegría estar acá, juntos, de (re)vuelta!


1. Juego un ratito: ¿puedo pensar la situación analítica como casi simétrica, como casi espejo? Sería así:
“Deseo del analista” – “Demanda del paciente”,
donde “Demanda del paciente” = “Deseo de analista”, de modo que la situación analítica queda del siguiente modo:
“Deseo del analista” – “Deseo de analista”;
como se ve, la diferencia es de una letra (la “ele” de “del”)… ¡casi nada!


2. Ahora, fuera de broma (¿broma? Pues es que no sé… si alguien ahí lee algo, algo más que una broma, bienvenido):

como bien dijo Fara, “deseo del analista” designa una función lógica en la situación analítica a lo Lacan. No es mi deseo, o el menos no exactamente o sólo mi deseo, en tanto deseo del sujeto, a secas. Pienso en dos cosas:

- en el pase. Allí tenemos un sujeto, analizante, que en el trayecto de su análisis pasa a ser tomado por el deseo de analizar, de ser habilitado para ocupar y desarrollar esa función lógica, ese lugar en el dispositivo… lacaniano.

- en los otros discursos a los que hemos habilitado. ¿Está presente, realmente, esta función, este lugar, este concepto, este constructo, en las psicologías, en los psicoanálisis no lacanianos? Creo que no, que el tema elegido es específicamente lacaniano, y a conceptualizar y discutir desde allí y sólo desde allí, donde es parte vital, inevitable e ineludible. Los demás plantearán su analista o psicoterapeuta tipo, con empatía, calidez y confianza; con logoactitudes; continentes; suficientemente buenos; etc.

Pero, por estas dos puntualizaciones, pienso que “deseo del analista” es un tema que nos sitúa de pies a cabeza en campo lacaniano. Es una cuestión intrínseca de su dispositivo; a trabajar desde su teoría, y a vincular con su conceptualización del propio análisis (lo que en ese discurso se plantee que eso sea, más allá de mi análisis –del análisis de Ezequiel).

¿Se entiende? Se trata más, creo, de qué es en Lacan “deseo del analista”, que de por qué he decidido que es mi vocación ser analista, y no sé hasta qué punto, siquiera, por qué deseo ser analista.

¡Ojo! Con esto no cierro la puerta que abrimos, hace sólo un momento, a otras voces. ¡Al contrario, las interrogo desde el vamos!


3. Me releo, y… “¡viva la episteme, viva la teoría! ¡Anulemos la primera persona! ¡A los libros, señores!”, parezco decir. Yo, por fuera. Ajeno, indiferente. No tengo nada que ver. Me suena como si los (me) estuviera llamando a desplegar la búsqueda de un objeto, el saber, que está allí, por ahí, no sé; cualquier cosa antes que hablar de mi, de nos.

Y sí, es verdad que tiendo a ser así, a fantasear una góndola donde Lacan, Borges y Foucault vienen envasados y listos para ser engullidos, o un restaurant cuya carta incluya aquellos conocimientos que uno desea incorporar voraz y económicamente.

Paralelo a esto, el temor a entender mal…

4. ¡Entonces me acuerdo del blog anterior! De desafinar, la analogía musical que en su momento planteó casi sin querer Pablo y que dio tanto para discutir. Y de algo que pensé en aquella época, con esto de la música.

Las versiones no son covers, no son copias exactas de las obras originales. No: las versiones son versiones. Tenemos a Rita Lee tocando y cantando a The Beatles en bossa, por ejemplo. Ella no es Liverpool ni usa el pelo como lo usaban John y compañía, y quizás no se sacó nunca una foto cruzando la calle por la senda peatonal con tres amigas. Ella es Brasil, es madrugada de playa. Es bossa. Y desde ahí interpreta (¡interpreta! La música nos ahorra tanto laburo para establecer una analogía…) un discurso que la atraviesa: la música beatle.

Pensaba en mi, en tanto músico (concédanme este atrevimiento). Nunca podría tocar/cantar un cover. Desafino, nunca sería igual. Pero ese desafinar hace versión a mi cantar[1]. La desafinación se me escapa, el “tonOtro” da lugar al mío, y ahí, justamente ahí, la canción de otro empieza a ser “mi” canción. Antes, o en todo lo demás, es la de otro. En mis desafinadas descubro “mi” registro de voz, rompo con la imitación del registro de otro. Me abro camino errando la reproducción de la voz de otro.

Pero hay mejores formas de “versionar”. Lo de Rita Lee es impecable. Y también lo de nuestro Néstor-Moisés-San Juan con su poema-génesis-himno a la encarnación (¿se acuerdan? ¡Qué fantástico estuvo eso!). Se trata de “arreglar” lo que canto. Las mejores versiones son las que introducen a los originales (mejor generalizamos: a lo original originante) “arreglos” originales (o propios… u originales en tanto alusivos a nuestro origen, a nosotros…) a su vez.

Leyendo a Miller[2] me encontré con una crítica a los analistas contemporáneos y discípulos de Freud por reproducir las afirmaciones de éste –sobre la transferencia y el devenir de la cura analítica en general– con una convicción que él no cree de ninguna manera consecuencia de constataciones propias sino, a lo sumo, fruto de vislumbrar algo de verdad en lo que Sigmund decía. Algo así como que el único que supo –hasta donde pudo, obviamente– analizar y decantar una teorización desde esa experiencia, fue el maestro; los demás no saben muy bien de lo que hablan pero le creen y repiten. Covers de Freud. Esto, por oposición a Lacan “versionador” de Freud. No conozco nada de la historia de Jacques, pero seguro que todo empezó con una desafinada…

5. Sí, estoy meando afuera del tarro. Néstor ya distinguió, aquella vez, entre “desafinar” en Pablo y “desafinar” en Luz: el primero temiendo equivocar el entendimiento de algo, la segunda soltando sin querer, al discurrir, rupturas con un discurso sostenido desde el yo. Pero: ¿no hay conexión? ¿En qué punto malinterpretar –interpretar en otra sintonía, en otro orden que el establecido, que no es lo mismo que interpretar mal, aunque haya quien sostenga tal cosa– no es romper con un discurso conciente? ¿Me equivoco si pienso que el camino que sigo, las marchas y contramarchas, los desafines sorpresivos y los desafines con los demás, es lo que importa? Yo creo que no. No soy un lector ni un estudiante ni un sujeto que escucha sobre el sujeto al estudiar o leer sin sentirse tocado. Y no puedo entenderlo desde afuera. Por lo tanto, la desafinación de la que habla Pablo es también reveladora y bienvenida, no sé si como formación del inconciente, como error hereje o ignorante, o como qué, pero corregir –normativizar– cualquiera de las desafinadas, así, sin pensarlas, es callarlas… y callarme. Cada vez que he repetido a la perfección un librito o una ciencia, he permanecido en silencio. No quiero hacer del blog un glob…ito. No quiero cuidarme. ¿Sida? Sí, da. Al apalabrar errante lo mueve el deseo certero. Asociando tendido o intentando expresar lo entendido. De ambos modos uno queda tumbado. Algo ha retumbado… resonado. Hablo. Si desafino, soné.

Es esto casi un presupuesto epistemológico para mi. Por él puedo escribir acá. Es cierto que corro el riesgo de que parezca que con él legitimo el decir cualquier cosa. Pero, por un lado, desconfío de ese temor a desafinar cantando Lacan, Freud, etc. A lo sumo, ustedes me clarificarán conceptos, me devolverán precisiones acerca de lo que bien o mal intenté decir. Lo peor que puede pasar es que revivan ellos y me digan "¡eso no es lo que dije!", a lo cual responderé "¡por supuesto! ¡eso es lo que yo digo!". En fin, que treinta años después, estamos también autorizados a subvertir a Lacan. ¿O no? Por otro lado, no me puedo llamar a inventar mi canción. No creo posible un preadamismo. Desasirse, desvestirse, desnudarse, de la nana que nos durmió y despertó la primera vez. Sí, en cambio, reconocer cómo la desafino hasta arreglarla desde lo que voy conociendo o creyendo conocer que soy, para dar mi propia versión. Versión a “arreglar” siempre: “paso la vida buscando un verso que nunca encontraré”, dice Jorge Drexler. “¿Dónde te escondiste, “a”?”[3]

Hay un río heraclitiano que me lava día a día
de lo creí mi voz y no lo era
para develar una nueva parte de mi fondo
que ¡oh sorpresa! rima.
¡Qué bien me queda cada nuevo verso,
cada nueva versión de mi verso,
aún –y más– si desafina!

Una cosa es ser versero, y otra ser poeta. Una cosa es la poesía, y otra el chamu(yo). Es cuestión de no comerse el verso. Aquel río heraclitiano, pienso, rompe la repetición, y desde el desafinar permite que el cover devenga versión.

Pensaba, por fin, en que mi propia versión tendrá que ver con mi deseo. Y “deseo” me lleva derecho a nuestro tema: el deseo del analista. Habrá que diferenciar, creo, entre deseo del sujeto y deseo del analista, porque no son nociones idénticas.


6. En fin, que esto ya se me ha hecho demasiado largo. Sintetizando, lo que quiero decir es: hablemos de teoría. Llamo a la teoría, porque creo que el tema es puntualmente teórico. Pero, enseguida, nos llamo a hablar. Voz propia, primera persona, y que sea lo que sea. El tema es apasionante; de nuestro encuentro con él, de nuestros intentos de fidelidad a la letra lacaniana, y de nuestras necesarias infidelidades (desafines), surgirá nuestra versión, la de cada uno, tanto o más interesante.

Me hace muy feliz este espacio. Me encuentro, desde que empezó el año, sintiendo fuerte la distancia de ustedes, extrañándolos, extrañando andar a su par. El blog vino a alegrarme enormemente, y también, debo confesarlo, a crear cierto temor de permanecer rezagado en el derrotero que aquí se pulse, ya sea a nivel frecuencia de producciones como en cuanto al vuelo teórico. Valgan mis intentos, vueltas sueltas deseosas de ser revueltas resueltas.

[1] Es la primera vez que puedo sentirme orgulloso de desafinar. Como confesión, les cuento que inicialmente, cuando aparecieron las resonancias de Pablo y Luz sobre desafinar / asociar libremente, resoné resistiendo, haciendo re-percusión (ruido), porque odio irme de tono cuando canto y siempre quiero llegar hasta donde llega aquel de quien imito el cantar. Eso fue muy pensado, y esto que ahora, al bajar un poco la marea, se deja leer, es en todo sentido heredero y elaboración de aquella bruma inicial.
[2] Miller, Jacques – Alain; Conferencias Caraqueñas; La transferencia de Freud a Lacan.

[3] San Juan de la Cruz. La distorsión fue de él, así era y debería haber permanecido, je.

Perlita

Este fin de semana prometo tener listo un aporte para el Blog, lo estoy elaborando pero he tenido poco tiempo. De todas maneras mientras buscaba información sobre las cadenas de Markov me encontré con el siguiente Blog:

http://antieleia.blogspot.com/2005/11/lacan-es-un-fraude.html

Me pareció un texto muy provocador, interesante para abrir debate, si los tienta “vayan y vean” y después nos cuentan.


HOMENAJE: 17 DE JULIO COBOS

martes, 15 de julio de 2008

SE VA LA SEGUNDA...

HOLA... ANTES DE EMPEZAR, DESEO FELICITAR A MIS COMPAÑEROS CREATIVOS QUE DIERON ORIGEN A ESTE ESPACIO...
Y SÍ... ES NUESTRO SEGUNDO INTENTO DE COMPARTIR INTERROGANTES, IDEAS, DUDAS, PENSAMIENTOS E INCLUSO ASOCIACIONES LIBRES! POR ESO: ¡FELIZ REENCUENTRO, FELIZ RE - VUELTA!
EL TEMA A DEBATIR NO ES MENOR. EL DESEO DEL ANALISTA...INEVITABLE ES PARA QUIENES INICIAMOS NUESTRO RECORRIDO POR LOS SENDEROS PSICOANALÍTICOS, O AL MENOS ASÍ LO VEO YO, PENSAR EN EL PROPIO DESEO (EN TANTO A ASPIRANTES A ANALISTAS!)
POR AHORA PUEDO DECIR QUE LO PIENSO COMO DESEO QUE SOSTIENE UNA PRÁCTICA, UNA ÉTICA Y UN MODO DE POSICIONARSE FRENTE A ESE OTRO QUE LLEGA CON SU DEMANDA... PERO MÁS PROFUNDAMENTE ME INTERROGO: ¿QUE DESEAMOS EN TANTO SUJETOS DE ESA PRACTICA? LA RESPUESTA NO SERÁ SIN CONSECUENCIAS. Y SUS CONSECUENCIAS IMPLICAN LAS CONCEPCIONES QUE SUSTENTEN NUESTRO QUEHACER.
SON MUCHAS LAS CUESTIONES A DEVELAR EN TORNO A ESTE TEMA... PERO ANTE LA FALTA DE FLUIDEZ DE MIS PALABRAS, ANTE EL VACÍO... ME PREGUNTO SI ANTES NO TENDRÍAMOS QUE PENSAR EN EL DESEO (SIN MÁS, SIN "DEL ANALISTA") Y PARA ESO SE ME OCURRIÓ RECURRIR A UN GLOSARIO ("GLOSARIO DE TÉRMINOS LACANIANOS")... Y ALLÍ ENCONTRÉ... "EL DESEO, SEGÚN EL PSICOANÁLISIS, PUEDE DEFINIRSE COMO LA FALTA CONSTITUTIVA QUE RIGE PARA TODO SUJETO HUMANO. SE TRATA PUES, DE UNA FALTA ESPECÍFICA, POR CUANTO EL DESEO HUMANO NO SE HALLA DETERMINADO POR NINGUNA REALIDAD FISIOLÓGICA O BIOLÓGICA, SINO POR EL UNIVERSO SIMBÓLICO DEL DISCURSO"...
DANDO VUELTA LAS PÁGINAS ENCONTRÉ: "EL DESEO DEL ANALISTA NO SE REFIERE AL DESEO DEL SUJETO, SINO A LA FUNCIÓN LÓGICA QUE OPERA EN EL MARCO DEL DISPOSITIVO ANALÍTICO, Y QUE GRACIAS AL LUGAR VACÍO DE GOCE QUE ÉSTE DETENTA, LE PERMITE OPERAR CON LA PÉRDIDA, ES DECIR CON LA CAUSA DEL DESEO DEL OTRO (CON O MAYÚSCULA!). EL LUGAR LÓGICO DEL DESEO DEL ANALISTA SE UBICA EN EL INTERVALO DELIMITADO POR LA PERCEPCIÓN Y EL DESEO, ALLÍ MISMO, ENTRE LA DEMANDA Y LA NECESIDAD, ENTRE EL ENUNCIADO Y LA ENUNCIACIÓN, PONIENDO EN MANIFIESTO LA "HIANCIA" FUNDAMENTAL QUE HACE IMPOSIBLE, DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA ESTRUCTURA, LA DESIGNACIÓN SIGNIFICANTE DE AQUELLO QUE "FALTA". EL DESEO DEL ANALISTA EXPONE EL DESEO MISMO, Y ENCARNA PUES SU "OQUEDAD" CONSTITUTIVA; ASÍ PUEDE DECIRSE QUE EL DESEO DEL ANALISTA ES LA FALTA ESTRUCTURAL PUESTA EN ACTO EN EL SENO MISMO DEL DISPOSITIVO ANALÍTICO"
BUENO, QUERIDOS COMPAÑEROS DE ESTOS SENDEROS, NO SÉ SI HABRÉ TRANSGREDIDO ALGUNA NORMA CITANDO DE UN GLOSARIO SIN PRODUCIR. SI LO HICE PIDO MIS DISCULPAS... LES DEJO ESTAS PALABRAS PARA VER QUE SALE... SIGAMOS PENSANDO JUNTOS...

lunes, 7 de julio de 2008

Re-vuelta 1: El deseo del analista

Volver a las voces constituyentes y a los autores que vuelven y revuelven esas voces.
¿Acaso no es eso lo que hacemos?
También revolvemos y hacemos revuelto. Intricamos, desmenuzamos, desordenados, damos un nuevo orden… del revuelto puede quedar caos o puede aparecer algo nuevo, creador.
De eso se trata este espacio, de los que quieran volver para recordar e intentar comprender, y de los revoltosos que den un paso más allá y quieran crear algo nuevo. A estos últimos, le agradecemos el intento.

Para abrir el debate elegimos de tema “el deseo del analista”. No es casual, por supuesto. En este tema tengo muchos más interrogantes que certezas, por ejemplo, empecé diciendo “para abrir el debate… el deseo del analista”. ¿Qué es lo que abre este deseo que es tan importante para la cura del otro?¿Cómo se juega la relación deseo del analista con la demanda del paciente, o no tiene nada que ver? Finalmente: ¿de qué se trata este famoso deseo que moviliza toda la situación analítica?

La invitación queda abierta, con una aclaración más: es obvio que mi planteo viene desde una postura lacaniana, pero la idea es que quien quiera pensarlo desde otra línea bienvenido sea. En este sentido, se puede pensar mi interrogante como ¿qué es lo que lleva a una persona a ser psicólogo? ¿por qué elegí eso, en qué se funda? ¿qué importancia tiene en la terapia, cómo interviene?

Espero verlos entre revuelta y revuelta...
Luz.